1.- EXOENERGIAS, ANTROPOGÉNESIS, PRODUCCIÓN Y PUEBLOS.
Permítanme empezar con una reflexión aparentemente muy alejada del tema que tratamos, la reflexión sobre la circulación y producción de energía, sobre el tiempo de ejercicio de la fuerza de trabajo que esa energía permite y sobre la productividad de la fuerza de trabajo realizable con el consumo de esa energía. ¿Por qué comienzo con unas divagaciones tan alejadas del tema que nos trae aquí? Pues porque opino que son el secreto al que al final debamos enfrentarnos. ¿Por qué y para qué la especie humana crea la línea que va de la herramienta a la tecnología pasando por los puntos necesarios de la máquina y de la técnica? ¿Por simple gusto a la producción de herramientas o para ahorrarse penosidad y esfuerzo, sudor, tiempo de trabajo y así, aumentar su tiempo propio, su tranquilidad y comodidad? ¿Sólo existen instrumentos humanos y no de otras especies animales? ¿Qué relaciones existen entre los instrumentos, las máquinas, las técnicas y las tecnologías con una certidumbre ya aceptada por los conocimientos actuales como es la de la tendencia de la naturaleza orgánica a ahorrar energía y optimizar el trabajo con el mínimo posible desgaste de fuerza, a buscar un equilibrio siempre inestable entre la energía disponible y su necesario consumo? ¿Por qué según se desarrolla el capitalismo la técnica se industrializa, se acerca a la ciencia, se transforma en tecnología y por último, se fusiona con la ciencia en el complejo tecnocientífico que a su vez es subsumido realmente en el capital constante?
Estas últimas preguntas son de suficiente importancia como para empezar por ellas, y antes de seguir queremos responder a una duda ¿Qué entendemos por esa "energía" que tanto citamos? Veamos una respuesta desde la ecología: "En Física es la capacidad de los cuerpos para realizar un trabajo. Lo que define la energía en sus diferentes formas es la calidad y la cantidad; por ejemplo, la tensión y la intensidad, respectivamente, en la energía eléctrica; o la altura del salto y el caudal en la hidráulica" (5). También tenemos la definición que desde la astronomía nos ofrece T. Ferris: "energía: (1) La capacidad de realizar trabajo. (2) Manifestación de una variedad particular de fuerza", y ¿cómo define este mismo autor "fuerza"?: "Agente responsable de un cambio en un sistema" (6). Pienso que ya es suficiente y que todos entendemos lo que queremos decir cuando decimos "energía" y "fuerza" y por tanto la importancia clave que tiene para la exposición que sigue. Pues bien, desde estas definiciones básicas comprendemos más fácilmente la estrecha interacción entre el flujo energético que circula por un ecosistema y la totalidad de comportamientos que se realizan en su interior, sobre todo los relacionados con el ahorro, producción y administración de esa energía.
Naturalmente, dichos comportamientos dependen a su vez del grado de evolución y complejidad alcanzado en cada nivel concreto, en cada ecosistema, en cada especie... de modo que el proceso que se denomina "vida", y del que ahora no podemos decir nada, puede adaptarse, evolucionar y responder a los retos del entorno según su capacidad de conjunción creativa de múltiples interacciones. La rapidez de respuesta adaptativa a las agresiones o cambios del entorno no sólo es una característica de la especie humana que está en estrecha conexión con sus recursos económicos y tecnocientíficos sino también incluso de las bacterias y sobre todo de la "pseudomonas", dotada de una rapidez espeluznante de adaptación a los antibióticos. (7)
Semejante capacidad de "autodefensa" llega a ser más impresionante cuando se realiza en entornos más amplios y complejos, como son los de los cambios en las tasas de nacimientos y ciclos de reproducción de muchas especies dependiendo del flujo energético global de modo que, con altibajos, se mantiene un equilibrio inestable entre ambiente, energía y sociedad, como indica H. T. Odum (8). Muy recientes investigaciones de J. Kirchner y A. Weil (9) han analizado cómo la recuperación de especies amenazadas depende no sólo de la destrucción de su nicho propio y de su eslabón en la cadena trófica sino de la riqueza global del ecosistema, de modo que cuanta mayor sea la riqueza biótica mayor será la facilidad de recuperación aunque llegue a demorarse diez millones de años si se ha tratado de una destrucción catastrófica, y a la inversa, lo que, para nuestro caso humano, confirma la importancia de las relaciones entre ambiente, energía y sociedad.
La permanente interacción entre energía, fuerza y trabajo nos lleva a introducir los conceptos de información y de tiempo, vitales para entender cómo las especies animales generan sistemas de comunicación para optimizar lo más posible todo el proceso en su conjunto. Precisamente con la excusa de reflexionar sobre el tiempo y el devenir, varios investigadores demostraron los sofisticados sistemas de comunicación, información, ahorro energético, etc., de muchas especies animales, empezando por las hormigas y acabando en los monos más próximos a la especie humana, así como su la inseparabilidad de esas cualidades progresivamente adquiridas con la evolución general de la materia y de la vida (10). Posteriores investigaciones sobre las hormigas (11) vuelven a confirmar multitud de estudios de campo sobre muchas especies y sus aptitudes para responder y adaptarse creativamente a las innovaciones del medio, respuestas que tendencialmente se orientan a una economía energética e informática.
Margalef dice que: "Un sistema que ha acumulado organización (=información), no se puede simplificar de manera ordenada ni puede desandar el camino seguido durante su proceso de enriquecimiento. La forma como actúa y se almacena la información es de tal naturaleza que no se puede simplificar paso a paso y permanecer funcional, como no es posible, en general, la recuperación funcional de un fermento desnaturalizado (...) un sistema disipativo autopoyético tiene gran capacidad de creación, y es natural que se pueda considerar como esencialmente "progresivo", lo cual no excluye su fragilidad frente a lo improvisto. El grado de independencia puede ser proporcional a la información efectiva que se posee sobre el entorno, pero si es tanta que todo -la repetición de lo pasado- resulta previsible, se habrá cerrado la capacidad de explorar, lo cual puede resultar catastrófico cuando aparece un reto totalmente nuevo" (12). Una de las razones que explican esta dinámica es la tendencia a la reducción del gasto energético o, en su defecto, al logro de un equilibrio lo más estable posible entre la energía que entra en el sistema abierto y la que se escapa al exterior.
Esta tendencia es muy importante para nuestras tesis sobre la globalización y las tecnologías porque sienta las base de lo que, ya en el nivel humano de la evolución de la materia, podemos entender como relación entre conocimiento social, fuerzas productivas, capacidades técnicas y dialéctica de la libertad/necesidad, o si se quiere, de la independencia hacia el entorno. Pero no nos adelantemos a la exposición y sigamos todavía en este nivel porque nos parece básico ya que, en efecto, nos lleva a la interrogante planteada por J. Wagensberg: "¿se puede definir el progreso?". Veamos su respuesta un poco larga pero muy interesante:
"Yo creo que sí, y mi propuesta de definición surge de un esquema conceptual matemático muy amplio como es la teoría general de la información, que proporciona una idea inteligible de complejidad que para mí es justo la necesaria, en el sentido de que tenemos un todo, tenemos unas partes y tenemos una interacción entre las partes que genera ese todo, lo cual es ya una idea de complejidad típica de la teoría de la información. No se puede hablar de progreso según esta definición si no tenemos un sistema, un entorno, una partición, una interacción y un instante dado. Dentro de este marco de referencia se puede decir que, cuando se produce un cambio, la nueva situación es más progresiva que la anterior si la nueva situación es más independiente de la incertidumbre del entorno (...) Estoy muy agradecido al profesor Goodwin porque ha hecho dos intervenciones de las que, creo, se desprende que esta definición puede tener algún sentido. Me hace muchísima ilusión que esta definición no tenga demasiado sentido para un trozo de materia inanimada, con lo cual la idea de progreso se desmarca de la de adaptación. La ilusión de un ser vivo es independizarse de alguna manera y en algún sentido del entorno. Aquí hay, pues, una diferencia importante respecto de la simple adaptación, que es sólo estabilidad (...) La reflexión del profesor Goodwin sobre el aumento de la complejidad en el universo es crucial aquí. Es lo que él ha llamado un cuarto principio de la termodinámica. Por un lado tenemos productores de novedades (sistemas disipativos, sistemas no lineales, atractores extraños). Por otro lado, esas variaciones pueden tener como consecuencia un aumento brusco en la incertidumbre del entorno, es decir, una catástrofe. Aplicando la teoría de la información a un sistema definido localmente dentro de un universo con unas condiciones fijadas, podemos ver cómo evoluciona el sistema para adaptarse a esas condiciones" (13)
Espero que tras perdonarme Vds. esta cita tan larga, empiecen a comprender la importancia que concedo a todo lo relacionado con la energía, el trabajo y la fuerza, la información y la termodinámica, aunque no he dicho nada concreto sobre ella por no extenderme demasiado. Pienso que en la evolución humana, social, esta tendencia hacia el ahorro energético mediante el aumento de la información, tendencia que busca el incremento de la independencia del sujeto-colectivo con respecto a la incertidumbre del entorno, es decir, volver esa incertidumbre en certidumbre integrada en la dialéctica libertad/necesidad, nos permite, esa tendencia, explicar uno de los secretos del pensamiento humano y de sus problemas con sociales con la herramienta y la máquina, con la técnica y la tecnología. Pienso, a la sombra de Karl Marx, que el ser humano tiende por su naturaleza social y a la vez natural a la innovación técnica. J. Elster lo expresa mucho mejor que yo:
"Recordemos ahora lo que Marx dice en el pasaje extraído de los 'Grundisse' que se cita más arriba, con respecto a la futura sociedad en la que "el desarrollo universal, progresivo, sin obstrucciones y libre de las fuerzas de producción es en sí mismo la presuposición de la sociedad y por tanto de su reproducción". Detrás de esta afirmación, y de muchas otras del mismo tenor, está la imagen del hombre elaborada en los 'Manuscritos económicos y filosóficos de 1844'. De acuerdo con esta idea, la actividad innovativa y creativa es natural en el hombre, y surge del interior de su ser. Contrariamente al enfoque habitual de la economía política, el problema no es el de crear incentivos para innovar, sino de retirar los obstáculos para la natural actitud innovativa del individuo "en quien su propia realización existe como una necesidad interna" (14)
Semejante "actitud innovativa" es inseparable del proceso de antropogénesis, de autogénesis de la especie humana en cuanto totalidad evolutiva capaz de hablar y hacer. En esa decisiva cuestión J.B. Fuentes Ortega, tras plantear el problema de las continuidades y discontinuidades en la hominización biológica y cultural, planteando el problema de la convergencia entre ambos polos, afirma en una cita larga que entiendo básica para comprender el tema que tratamos, que:
"El núcleo crítico de esta convergencia hubo de consistir precisamente en la producción. Pues la idea de "producción", en efecto, implica no sólo una mera (genérica) transformación conductual del medio, sino aquella forma específica de transformación cuyos resultados (los objetos de la producción) contienen una forma o estructura específica, que nos parece que podemos caracterizar mediante la idea de morfosintaxis. (...) para dar cuenta de la estructura no ya --o no ya solo-- de cada uno de los objetos de la producción, sino más bien del tejido formado por grupos o subgrupos de estos objetos, en cuanto tejido característico de los círculos socio-culturales organizados en torno a ellos.
En concreto, las "unidades" o "partes" "morfológicas" de dichos tejidos (cuya correspondencia lingüística serían los morfemas) consistirían en las diversas posiciones o lugares operatorios correspondientes con las diversas "partes" de un objeto (fabricado) y/o con los diversos objetos de una red de ellos, y las "relaciones sintácticas" entre dichas posiciones operatorias serían precisamente aquellas en función de las cuales para cada una de dichas posiciones una diversidad de sujetos orgánicos operatorios resultan en principio mutuamente intersustituibles a la vez que rotables entre ellas. De este modo cabe reconstruir la estructura formal misma de lo que suele denominarse "división social del trabajo", como reparto cooperatorio de una diversidad de tareas o especialidades productivas, en cuanto que dichas tareas consistirían justamente en las "posiciones (operatorias) morfológicas" y su reparto cooperatorio consistiría en la "sintaxis" que les liga.
Y si el propio lenguajes (de palabras) resulta necesariamente intercalable entre medias de la producción, pudiendo cumplir la función (pragmática) de comunicación entre los individuos en la misma, gracias a la función (semántica) de representación de las situaciones (producidas), no sería sino porque comparte, siquiera al nivel de su articulación morfosintáctica, la estructura formal misma (morfosintáctica) del resto de los objetos de la producción entre los que se intercala. El privilegio del lenguaje respecto del resto de las producciones morfosintácticas vendría dado por el aparato sintáctico de su producción operatoria, esto es, por los movimientos articulatorios supralaríngeos que permiten "hablar de las cosas" con esta musculatura sin estar a su vez haciéndolas con la misma. Y aquí es esencial comprender que los meros sonidos articulables de una determinada morfología somática no constituyen todavía formalmente fonemas --no forman parte de la articulación fonológica--, si no es combinados ya a la escala de la articulación morfosintáctica --de la combinatoria sintáctica entre morfemas (monemas y lexemas)--, a la manera como el resto de las meras transformaciones operatorias del medio posibilitadas por ciertos rasgos orgánicos (pongamos, la forma redondeada de la teja que fabrica un artesano, acompasada a la forma somática de su muslo) no constituyen aún ""unidades formalmente fonológicas de la producción" si no es combinada con la estructura morfosintáctica que caracteriza a esta (pongamos: la distribución de las partes de la casa de acuerdo con la sintaxis [social] que regula las relaciones entre sus moradores).
(...) Asimismo, es el concepto (darwinista) de selección natural el que irá quedando refundido a una escala que será ya estructuralmente discontinua respecto a aquella en la que formalmente funciona en la teoría de la evolución. Pues dicho concepto, en el seno de la categoría biológica evolucionista, incluye formalmente la adaptación diferencial al medio de los rasgos orgánicos--de los individuos y/o de las poblaciones biológicas--, incluida su mediación conductual, mientras que ahora más bien la eficacia diferencial se irá dando formalmente entre los propios objetos, es decir, entre grupos distintos de ellos pertenecientes a círculos socio-culturales diferentes, como eficacia lograda por los ajustes físicos mutuos entre sus partes que su estructura sintáctica asegura. De este modo, la supervivencia diferencial de los organismos y de sus grupos ("poblaciones") irá transformándose en supervivencia diferencial de unos círculos sociales frente a otros ("pueblos") en función de la eficacia comparativa de sus propios grupos de objetos --de sus técnicas--" (15).
(5) Fernando Parra: "Diccionario de ecología, ecologismo y medio ambiente". Alianza Universal, Madrid 1984, pág. 126.
(6) Timothy Ferris: "La aventura del universo. De Aristóteles a la teoría de los cuantos: una historia sin fin". Grijalbo-Mondadori, Barcelona 1995, pág. 325 y pág. 328.
(8) Howard T. Odun: "Ambiente, energía y sociedad", Blume Ecología, Barcelona 1980, pág 204 y ss.
(9) Henry Gee en El País del 15-marzo-2000.
(10) Ilya Prigogine (edit.): "El tiempo y el devenir. Coloquio de Cerisy". Gedisa, Barcelona 1996, especialmente págs 55-75.
(12) Ramón Margalef: "Progreso: una valoración subjetiva entusiasta de casi la mitad de los cambios en los reses vivos", de "El progreso ¿Una concepto acabado o emergente?", J- Wagensberg y J.Agustí (edit.). Tusquets. Barcelona 1998, págs 184-185.
(13) J. Wagensberg, obra citada, págs 310-311.
(14) Jon Elster: "El cambio tecnológico. Investigaciones sobre la racionalidad y la transformación social". Gedisa, Barcelona 1990, pág.191.
(15) Juan B. Fuentes Ortega: "Antropológico ( El conocimiento como hecho antropológico)", en "Compendio de Epistemología", de Jacobo Muñoz y Julián Velarde (edit). Editorial Trotta. Madrid 2000, págs 48-50.